Sí, es conveniente que, si eres alérgico, lleves mascarilla. Y es que su uso no solo te protegerá contra el coronavirus, también puede ayudarte a que experimentes menos síntomas y, por tanto, respires mejor y necesites menos medicación. Así lo indican desde la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), cuyo comité de expertos realizó un estudio para analizar el poder filtrante de las mascarillas de protección ante la exposición al polen y los ácaros del polvo, y concluyó que el uso de mascarillas homologadas -que reducen hasta un 80% las partículas de pólenes y polvo en el aire inhalado- es una herramienta eficaz para reducir los síntomas alérgicos de los pacientes.

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¿Qué mascarilla tengo que usar

Existen tres tipos de mascarillas: higiénicas, quirúrgicas y de protección. Las primeras están fabricadas en tejidos lavables y no han demostrado su efectividad para evitar el contagio por microorganismos; las quirúrgicas filtran el aire que se exhala – desde dentro hacia afuera – y atrapan los virus contenidos en las gotas expulsadas al toser y estornudar del portador, impidiendo contagiar a los que le rodean, aunque no protegen al usuario de inhalar los virus, ya que no atrapan partículas menores de 1 micra.

En tercer y último lugar, las mascarillas de protección o FFP (Filtering Face Piece), que son las indicadas para pacientes alérgicos, cubren nariz y boca filtrando el aire que se inhala y retienen las partículas que se encuentran en el aire que respiramos como los pólenes y los virus. “Estas mascarillas tienen una elevada capacidad de filtración y reducen hasta un 80% las partículas de pólenes y polvo en aire inhalado. Como consecuencia de la reducción de los síntomas, se produce un descenso en el consumo de medicamentos de rescate y una menor asistencia a servicios de urgencias”, explica el doctor Ángel Moral, presidente del Comité de Aerobiología de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).

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¿Contra qué alergenos me protegen?

El uso de este tipo de mascarillas para protegernos contra el coronavirus o para pacientes alérgicos está indicada para aquellos que residen en zonas donde se producen de forma habitual niveles muy elevados de pólenes, debido a la abundancia de determinadas plantas en esos lugares.

“Esto ocurre en grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Zaragoza y Valladolid en los meses de marzo y abril por el plátano de sombra; en provincias como Jaén en mayo y junio por la polinización del olivo, y en Cáceres y Badajoz en las mismas fechas por las gramíneas. De hecho, los alérgicos a pólenes pueden necesitar usar mascarillas durante casi todo el año: en invierno por las cupresáceas (arizónica y ciprés), en primavera por el plátano de sombra, abedul, gramíneas, olivo y parietaria y por último en verano por la salsola y la parietaria”, puntualiza el doctor Moral.

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¿Cómo debo colocarme la mascarilla?

Así como nos han explicado en repetidas ocasiones que para protegernos bien del coronavirus debemos saber cómo colocarnos la mascarilla, así como evitar manipularla para no contagiarla, los expertos de la SEAIC también recuerdan que para evitar sufrir reacciones alérgicas es necesario un buen uso de este material de protección.

En este sentido, señalan que debe cubrir tanto la nariz como la barbilla y evitar que las fosas nasales queden al descubierto. “En el caso de que llevemos una mascarilla quirúrgica –debido a que en la crisis del COVID-19 puede ser difícil encontrar las protectoras – debemos procurar adaptar bien la parte superior de la mascarilla, que lleva un alambre flexible, al contorno de la nariz”, indica el doctor Pedro Ojeda, alergólogo y responsable de comunicación de la SEAIC. Y añade: “los pólenes también se depositan en la mucosa de los ojos, por lo que es necesario llevar también unas gafas de sol que nos cierren bien el contorno de la cuenca ocular”.