Incluso las pequeñas lesiones en la piel pueden ser la puerta de entrada de esta peligrosa infección. Para protegerte, trata cualquier herida con la máxima higiene y vacúnate cada diez años.

Es hora de dejar atrás la idea de que la vía por la que podemos contaminarnos con la bacteria que provoca el tétanos es normalmente una herida grande producida por un objeto metálico herrumbroso o por la mordedura de un animal infectado. Porque la realidad es que, aunque en nuestros días es poco habitual saber de alguien que haya padecido esta infección, todos tenemos riesgo de contraer el tétanos si no guardamos una serie de precauciones en el cuidado de cualquier tipo de herida, y más incluso de las más pequeñas.

¿Dónde está y cómo se adquiere?

La bacteria del tétanos es muy ubicua: habitualmente se encuentra en el suelo y el tracto intestinal de personas y animales, pero puede estar en cualquier sitio, sobre todo en ambientes muy sucios y contaminados.

La puerta de entrada de la infección suele ser una herida de cualquier tamaño, en cualquier zona del cuerpo, siendo indiferente el mecanismo por el que nos la hayamos producido (corte, abrasión, quemadura, congelación…), si bien, cuanto más profunda y más sucia sea esta herida, es más probable que la bacteria la contamine.

En nuestro entorno, las heridas menores son una fuente cada vez más habitual de adquisición del tétanos, porque en muchas ocasiones no las limpiamos con la precaución e higiene que, en cambio, sí aplicamos a las heridas más graves. De esta manera, el tétanos, además de a través de las mordeduras de animales, también puede contraerse por pinchazos accidentales (con la espina de una rosa, por una herida provocada por un cortaúñas, por ejemplo), por punciones en la piel con instrumentos no estériles (tatuajes, piercings) y hasta por otras vías más insospechadas, como podrían ser una infección de oído o una infección dental.

Extrema las precauciones si…

Si formas parte de cualquiera de estos grupos de mayor riesgo:

  • Personas con enfermedades crónicas de cualquier edad.
  • Mayores de 65 años.
  • Personas con trastornos del sistema inmunitario.
  • Niños pequeños.

En todos estos casos, al tener menos defensas en el organismo, las consecuencias de una posible infección por tétanos puede ser más peligrosa.

La vacuna antitetánica te protege de la infección solo durante diez años desde la última dosis que te hayan puesto.

Para estar fuera de peligro…

Si te haces una herida (grande o pequeña) al caerte en un suelo muy sucio o si por cualquier circunstancia la herida ha entrado en contacto con un medio muy contaminado –y, especialmente, si hay ganado u otros animales–, estarás fuera de peligro si sigues estos pasos:

  1. Limpia abundantemente la herida con agua y jabón, para eliminar cualquier cuerpo extraño.
  2. Acude urgentemente a un centro médico para que te hagan una limpieza más exhaustiva y te suturen la herida si es necesario.
  3. No dudes en ponerte una dosis de la vacuna antitetánica en ese mismo momento si el médico lo cree conveniente.

Una vacuna que salva vidas

Hace décadas, el tétanos acababa con la vida de muchos niños y adultos. Gracias a la vacunación, en la actualidad es poco frecuente en nuestro medio, pero no hay que perder de vista que el riesgo es real y sigue siendo una enfermedad muy grave que causa muertes en personas no vacunadas.

No existe inmunidad natural y haber padecido la enfermedad tampoco confiere protección, por lo que a parte de medidas higiénicas, la inmunización mediante la vacunación es la única forma de prevenir la enfermedad.

La vacuna contra el tétanos se administra según la siguiente pauta:

  • A los 2, 4 y 6 meses de vida, junto con la vacuna de la tos ferina y de la difteria.
  • A los 18 meses de vida se pone una dosis de refuerzo.
  • Entre los 4 y los 6 años se administra una dosis de recuerdo.