Desde hace muchos siglos se conocen los beneficios del frío y del calor para calmar los dolores musculares.

Tanto es así que, en el ámbito de la fisioterapia, el tratamiento de los músculos con distintas temperaturas es de lo más común, ya que ayuda de manera muy eficaz a disminuir la inflamación, a mejorar la circulación sanguínea y a relajar la musculatura afectada, ayudando además a que determinados tipos de lesiones se curen en menos tiempo.

Aplicarnos frío o calor en casa resulta muy fácil, pero no siempre tenemos claro en qué casos es más conveniente aplicar uno u otro, en qué momento y durante cuánto tiempo. Esto es lo que, a excepción de casos particulares que deberá valorar un especialista, recomiendan en general los fisioterapeutas y traumatólogos:

Aplicación de FRÍO

  • Para reducir rápidamente la hinchazón y el dolor que aparecen en músculos y tendones tras un golpe, una caída, un esguince, una torcedura o un “tirón” (distensión) o un calambre muscular haciendo ejercicio o en reposo. También ayuda a calmar una rotura de fibras musculares.
  • Si nos damos un golpe en la cabeza, aplicarse frío inmediatamente previene que aparezca un “chichón” y ayuda a reducir un posible hematoma.
  • Para que resulte eficaz, hay que presionar la zona con frío durante un mínimo de diez minutos y un máximo de treinta, cada dos horas aproximadamente. Se ha comprobado que la compresión con frío es más efectiva que si se aplica solo frío o solo compresión.
  • No se debe aplicar frío si existe una herida abierta, hemorragia o infección, puesto que la lesión empeoraría.
  • Se puede aplicar en forma de hielo –una bolsa de garbanzos o guisantes congelados puede ser muy útil, por su fácil adaptabilidad a cualquier zona– o con dispositivos específicos de gel o de semillas para este uso que se congelan o se refrigeran en el frigorífico.

Aplicación de CALOR

  • Para aliviar contracturas musculares que aparecen por acumulación de tensión en una zona concreta, como los que con frecuencia afectan a las cervicales o las lumbares, así como para combatir dolores articulares (muñecas, dedos, hombros, rodillas, tobillos…).
  • Ayuda a calmar el dolor producido por los esguinces y distensiones musculares una vez desaparecida la hinchazón. Si continúa la hinchazón, es mejor seguir aplicando frío.
  • Solo se puede aplicar calor si no hay hinchazón visible en la zona afectada (área enrojecida, abultada y caliente), ni tampoco si hay herida, hemorragia o infección.
  • Se debe mantener el calor igualmente de diez a treinta minutos, aplicándolo cada dos horas.
  • Se puede administrar en contacto directo con la piel o a distancia (infrarrojos).
  • Se puede utilizar una manta eléctrica, una toalla calentada con la plancha u otros dispositivos especialmente diseñados para la aplicación de calor seco (sacos rellenos de semillas). En los casos en los que está indicada la aplicación de infrarrojos, existen lámparas de uso doméstico.

Tanto el frío como el calor pueden quemar la piel, por lo que es importante echar un vistazo cada pocos minutos a la zona que estamos tratando y no excedernos de media hora cada vez que los apliquemos.