Por Pedro Jesús Villarroel Hidalgo

El estrés ha sido considerado un tema de preocupación e interés para la sociedad, adquiriendo mayor relevancia en la actualidad, cuando la humanidad enfrenta con angustia y de manera inédita una lucha contra la pandemia mundial generada por el Covid19.

Y al igual que virólogos y farmacéuticos abordan y e intentan desarrollar la vacuna o cura para este amenazante virus, los investigadores del comportamiento  también han estado enfrentando una batalla, haciendo uso de estrategias que se van venido desarrollando hace décadas para afrontar el estrés, un enemigo aparentemente imperceptible pero con efectos muy nocivos en la salud y el desempeño en general de las personas

Investigadores con distintos enfoques han estudiado estrés, entre ellos  Lazarus y Folkman (1986)1 quienes lo definieron como una interacción entre una persona  y su entorno, la cual puede ser evaluada como una situación amenazante que implica una demanda superior de recursos, lo cual pone en riesgo su bienestar.

De allí, que para lidiar con la tensión y la ansiedad que generan situaciones estresantes o traumáticas, la gente suela realizar diversas y numerosas actividades, desde cosas positivas como el deporte o la lectura, hasta consumo de alcohol o comida en exceso, lo cual no lo es tanto. Sin embargo, cuando el estrés no es encarado adecuadamente, puede generar perturbaciones en el pensamiento (cognición), el funcionamiento correcto de todos los procesos del organismo (fisiología) y en el comportamiento de los seres humanos.

Parte de la invisibilidad del estrés reside en el hecho de que algunas personas podrían tener dificultad para identificar las causas que le generan emociones negativas, como angustia, ira, tristeza o frustración. También hay personas quienes, aun cuando identifican y comprenden su malestar, pueden tener dificultad en expresarlo y afrontarlo.

Y aunque comunicar y expresar las experiencias estresantes es algo sencillo para muchos, para otros podría no ser tan fácil. También puede suceder que ciertos eventos sean considerados muy difíciles de expresar, ya sea por sentimientos de culpa y vergüenza, por temor a represalias, la naturaleza aversiva del evento que viven, etc. Como consecuencia, estas personas suelen inhibir sus comportamientos; incluso, intentan no pensar en aquello que ocultan o reprimen2.

Así pues, la inhibición del propio comportamiento, pensamientos y sentimientos requiere de esfuerzo psicológico, que a largo plazo genera un estrés acumulativo en el cuerpo, aumentando la posibilidad de contraer enfermedades psicosomáticas, es decir, relacionadas con el estrés3, como son las del sistema inmunológico, las cardiovasculares, del sistema respiratorio, digestivo, entre otras, las cuales pueden tener consecuencias fatales para el individuo y llegar a causar la muerte4.

Es por ello que es tan necesario y crucial, en especial en estos tiempos de pandemia, la selección y aplicación de habilidades que contribuyan a la reducción del estrés, proveyendo de recursos a una persona para cambiar de un estado emocional negativo a uno positivo en un breve periodo de tiempo. En este sentido, Los psicólogos James Pennebaker y Sandra Beall (1986) desarrollaron la técnica de la Expresión Emocional Escrita (traducido del inglés: Written Emotional Disclosure). El propósito inicial de su creación fue evaluar la revelación de experiencias traumáticas en la salud de las personas.

La Expresión  Emocional escrita, que se conoce actualmente con el nombre en inglés de Journaling, es una técnica de intervención sencilla, que puede ser realizada sin supervisión clínica  y en un cualquier lugar. Por lo general, se motiva a que la persona escoja un espacio tranquilo y cómodo para escribir, durante 15 minutos  o más, por  un conjunto de días consecutivos (que pueden ser a partir de dos dias) y durante un par de semanas. Se alienta a que escriban libremente acerca de sus pensamientos y emociones más profundos, relacionados con sus experiencias estresantes y traumáticas presentes o pasadas, vinculadas con sus relaciones interpersonales. No es necesario cuidar la ortografía o la estructura gramatical del texto que desarrollan, lo esencial es que este ejercicio sirva como un medio de expresión que permita liberar tensiones.

A nivel psicológico, el funcionamiento de la expresión emocional se explica con la teoría Freudiana de la Catarsis, la cual indica que la inhibición de eventos traumáticos o estresantes conlleva al deterioro de la salud, pero que puede ser aliviada mediante la revelación de los mismos. Por otra parte, la teoría del procesamiento cognitivo ha sugerido que la acción de escribir sobre estos eventos permite a las personas construir una narrativa coherente y generar un mayor entendimiento de la experiencia traumática vivida6. Otros teóricos han propuesto el mecanismo de la autorregulación, la cual permite a las personas adquirir mayor dominio de sí mismas por medio de la expresión y el control de sus emociones 7.

Existe evidencia de que la revelación emocional escrita tiene cambios positivos en un determinado conjunto de variables. Diversos estudios han demostrado que quienes escriben sobre sus experiencias traumáticas han reducido sus visitas al médico. También han disminuido sus niveles de angustia, depresión y emociones negativas, y tienen un mayor desempeño laboral y académico8.

De manera pues que, los argumentos y evidencia empírica planteados, nos invitan a considerar verdaderamente el escribir sobre nuestras situaciones más estresantes y angustiantes, aquello que nos preocupa mucho pero que por diversas razones nos cuesta expresar a los demás. Es una invitación, en estos momentos difíciles, donde parecen haberse detenido el ajetreo y la rutina cotidianos, para crear y aprovechar momentos de soledad, momentos de intimidad, para conectarnos con nosotros mismos, con el objetivo de lidiar y afrontar nuestras dificultades e intentar lograr mayor alivio y bienestar para nuestras vidas.

 

Referencias:

1 )     Lazarus, R. y Folkman, S. (1986). Estrés y Procesos Cognitivos. Madrid, España: Martínez Roca.

2 y 3) Pennebaker, J. y Beal, S. (1986). Confronting a Traumatic Event: Toward an Understanding of Inhibition and Disease. Journal of Abnormal Psychology: 95 (3), 274-281

4 )        Meichenbaum, D. (1983). Supere el Estrés. Ediciones Juan Garnica

5, 6 y 7) Jones, C., Hayward, M., Brown, A., Clark, E., Bird, D., Harwood, G., Scott, C., Hillemann, A. y. Smith, H. (2015). Feasibility and Participant Experiences of a Written Emotional Disclosure Intervention for Parental Caregivers of People with Psychosis. Stress and Health, 23,