Por Dámaso González

Más allá de las necesidades humanas fundamentales, en el mismo nivel que beber, comer y dormir, existe un hambre primordial que no es reconocida de la misma forma ni en el mismo nivel de importancia por las personas: el hambre de caricias.

Según el análisis transaccional, postulado por Eric Berne, una caricia psicológica es el reconocimiento a la existencia de otra persona, es el instante donde nos desconectamos de nuestro mundo para dedicar tiempo y atención a la vida de otro ser humano. Se llaman psicológicas, porque si bien pueden expresarse también como táctiles o verbales, evocan una emoción y refuerzan una postura psicológica existencial en la persona quien la recibe.

Esta necesidad es vital para nosotros como seres sociales, tanto que haremos cualquier cosa para garantizar la cantidad de caricias necesarias para sobrevivir, evitando así el daño neurológico que genera la falta de ese reconocimiento que nos define también como indivíduos.

Nos vinculamos con el otro desde el espectro de la afectividad que abarca las relaciones nutritivas, agradables y positivas hasta el encuentro con el malestar,  el conflicto, la descalificación y el maltrato psicológico, de esta forma una caricia negativa es mejor que ser ignorado por las personas de nuestro entorno inmediato.

Nadie puede soportar el ser ignorado por un ser querido, por esa persona que hace resonancia en su corazón,  antes que eso, preferimos adentrarnos en formas tóxicas de relacionarnos y podemos llegar a conformarnos con caricias negativas, ya sean las condicionadas – esos regaños que se dan tras hacer algo malo – o las incondicionadas – las descalificaciones que se dan sin razón aparente, que aluden a la persona y no a su comportamiento y son devastadoras pára la autoestima.

Esta es la razón por la cual muchas personas se encuentran en relaciones francamente tóxicas  y sin embargo vuelven a ellas, una y otra vez, con la esperanza de que en algún momento esa situación cambie; o con la resignación de que esto no sucederá.

Ahora bien, si sabemos que este tipo de relaciones no generan emociones positivas ni vínculos nutritivos  ¿Por qué nos conformamos con este tipo de trato? Dentro de las caricias psicológicas, las más nutritivas son las caricias positivas incondicionadas, como dar un cumplido porque simplemente te nace, seguidas por las caricias positivas condicionadas, como felicitar a tu hijo porque obtuvo una buena calificación. Ambas requieren como pre requisito indispensable exponer nuestra sensibilidad emocional para establecer la intimidad afectiva.

Y es que el gesto de mirar al otro directo a los ojos y decir un “te amo” a la pareja, un “Eres importante para mí” a un familiar, un “Estoy orgulloso de ti hijo mío” de parte de un padre o un “gracias por estar siempre presente en mi vida” de un buen amigo; no es algo que escuchemos a cada rato y tampoco es algo fácil de decir o hacer. La intimidad es el precio que exige el amor sano, nutritivo, adulto y de altísima calidad.

La intimidad requiere coraje, confianza en el otro, la certeza de que no vamos a ser lastimados, nos pide haber recibido en el hogar ese amor sano para poder entregarlo y si esto no sucedió, entonces pide que aprendamos a entregarlo y a recibirlo, sentirnos dignos y merecedores de ese afecto.

Así como señala Schopenhauer en su dilema del Erizo, el acercarnos a otro para experimentar la calidez y cercanía del contacto emocional conlleva la posibilidad de salir lastimados por las espinas defensivas del otro. Estas “espinas” se establecen en esas relaciones donde experimentamos amargura, rudeza, tosquedad y  aspereza en el contacto emocional o la acidez y agudeza de las palabras hirientes de los otros.

Para este filósofo, el dilema se resuelve cuando los erizos encuentran la zona tibia de contacto, donde no salen lastimados por las espinas del compañero cercano pero tampoco experimentan la calidez de la cercanía. Es la postura de la prudencia y frivolidad, que nos hace sentir vacíos, solos y distantes de las otras personas a pesar de estar acompañados. Es el origen de la soledad depresiva y en parte del vacío existencial que sufre la sociedad actual.

Pero los seres humanos no somos erizos, no estamos limitados a conductas defensivas estereotipadas, podemos fortalecer nuestro corazón para abordar las relaciones desde otras perspectivas, podemos aprender a confiar en los otros y vincularnos desde la salud y el amor sano. Podemos cultivar y construir relaciones donde podemos exponer nuestras vulnerabilidades y sentir el verdadero calor humano, es el camino de atrevernos a experimentar la intimidad sin miedos.

Aprender a acercarnos desde la intimidad, nos lleva a establecer acuerdos adultos para relacionarnos de tal manera que podamos evitar lastimarnos inconscientemente, a generar el entendimiento mutuo en un nivel profundo y construir más allá de las alegrías pasajeras de momentos especiales, a un nivel de felicidad donde experimentemos el regocijo del contacto humano cálido.

Las claves están en profundizar en nuestro autoconocimiento, aprender a reconocer y a canalizar nuestras propias emociones, fomentar en nuestras relaciones la comunicación asertiva, aprender a respetar nuestras diferencias individuales, encontrar soluciones creativas e incluyentes a nuestros conflictos, establecer acuerdos basados en compromisos firmes y en definitiva en comprender profundamente la dignidad de la vida de las personas en mi entorno.

Así que mi invitación es a ser generosos en el afecto, tal cual como sugiere la ley de abundancia de caricias:

  • Entrega las caricias positivas que correspondan, no te las reserves, esa persona agradecerá con su vida el gesto.
  • Permítete aceptar las caricias positivas que te merezcas, por favor no confundas humildad con no sentirte merecedor de reconocimiento
  • Pide las caricias positivas que necesites, el otro no tiene por qué saberlo.
  • Se directo y honesto en lo que tu vida necesita, hacerlo no te hace menos.
  • Date caricias positivas a ti mismo, tu sabes cuánto te han costado tus logros, felicítate y recompénsate por ello, no esperes por otros para hacerlo.
  • Rechaza las caricias negativas destructivas, no mereces ser descalificado y aceptarlo, aun cuando te hayas equivocado, recuerda eres humano, y lo que haces no define lo que eres.